Cinco razones por las que seguiré siendo cuentero

El Santo

22-07-2020Tiempo para leer: 7 min

  Tal vez, en algún punto de la historia, debió surgir en los miembros de mi familia la pregunta de:¿cuándo se le pasará a Jhohann el asunto ese de contar cuentos y se dedicará a algo serio? Nunca se ha dicho de manera directa porque siempre hemos respetado el libre deseo de hacer y decidir, pero yo tengo mis sospechas. Por otra parte, sí he recibido cuestionamientos similares de otras personas que, entrando en confianza, se atreven a decir algo semejante a:“y además de contar cuentos, ¿a qué más se dedica usted?”. ¡Bella pregunta! Es por eso que entrego estas cinco razones por las cuales seguiré siendo cuentero. Advertencia: el orden en que las presento jamás hace referencia a su nivel de importancia, es más bien un inventario.

  Número uno. Seguiré siendo cuentero porque me fascina el propósito de lograr que otra persona imagine un mundo distinto a este que vivimos día a día. Además, la posibilidad de configurar una trama y comunicarla sin más artilugio que la palabra hablada y el cuerpo, es la prueba constante del milagro creativo y colectivo. El acto en sí es maravilloso: un tipo que cuenta, un alguien que escucha y ve; ambos conmovidos por la dimensión de lo imaginado. Detrás de esto surge para mí el premio solapado de mi argumento: contar cuentos me da la posibilidad de encontrarme con el otro, de tejer un vínculo y surge un intercambio donde se amplía mi conocimiento sobre otras realidades. Es decir, el relato me permite estar frente a personas de diferente situación socioeconómica, cultural, religiosa y política, porque provee un espacio neutro de interacción que nos encuentra y nos lleva a lo primigenio de nuestra especie: el amor por las historias. He contado en cárceles, edificios de gobierno, colegios, universidades, empresas, parques, bares, hospitales… Contar me ha permitido fragmentar las fronteras que teje la sociedad, ese conjunto de relaciones; y con ello he logrado mantener mi condición de outsider, de transeúnte de los umbrales invisibles que son, al mismo tiempo, tan sólidos.

  Número dos. Seguiré siendo cuentero porque me parece insensato dedicar la vida a algo distinto a lo que amo, porque valoro el hecho de trabajar en lo que me gusta. Ante nuestra existencia tan efímera, ¿qué otra cosa puede justificar la vida sino la búsqueda constante de hacer lo que te place? Por supuesto, a este propósito cabe anotarle una precisión: hacer siempre lo que se ama sin pasar por encima de nadie. Ahora bien, esta postura exige resolver una pregunta fundamental: ¿qué es lo que te llena y cómo dar con eso? Esto merece detenernos.

  Nunca olvidaré la vez que se me acercó un hombre para indagar sobre la identificación del propósito personal. Habíamos terminado un evento relacionado con la fuerza de ventas de una compañía y el hombre se me acercó y me dijo: “usted cómo hizo para encontrar eso que le gusta tanto y ponerse a hacerlo”. Les confieso que fui incapaz de darle una respuesta certera. El hombre era de unos cincuenta años o más y a mí me choqueó su pregunta porque me pareció doloroso el planteamiento a su edad. Ahora pienso que debí ser cruel y franco, decirle que la única manera era hurgándose el alma, buscando aquí y allá, sin descanso, sin detenerse, aunque duela. Y en ese camino, en algún momento, daría con un indicio y luego le quedaría la responsabilidad de ir por ello hasta la muerte. Incluso debí retarlo y preguntarle: ¿cómo pretendía vender de manera efectiva si esa no era su pasión? Uno vende si ama vender. El otro camino es lograr que te compren lo que amas y esa es otra estrategia, porque allí no está el propósito de la venta sino tu pasión generando el deseo. Sobre esto podría contarles más cosas en otro momento.

  Número tres. Seguiré siendo cuentero porque los humanos son efímeros, las historias no. En algún momento dejaré esta vida y lo único que tal vez tenga la posibilidad de perdura un poco más será el conjunto de historias que he contado, escrito y entregado a la humanidad. Por supuesto, tal vez eso que llamo humanidad sean sólo mis familiares y amigos, pero si logro dejar un mensaje útil y que este perdure, habrá cobrado más sentido la existencia. Por ahora conservo el honor y el premio de haber servido de pretexto a parejas que se han enamorado en medio de nuestras funciones y que luego han tenido hijos: ¿será esta otra forma de perdurar en las historias familiares de otras personas? No guardo la esperanza de insertar mi trabajo en la memoria cultural de habla hispana, porque eso cuesta mucho y conlleva talento y algo de suerte; en mi caso y sobre ambos aspectos guardo ciertas dudas. Por supuesto, si llego a ser visto por millones, en múltiples idiomas y presentar mis historias a miles, celebraré haber sido honesto con lo que hago y pienso, quizás ayudando desde lo que soy a que este mundo sea mejor.

  Número cuatro. Seguiré siendo cuentero porque cada relato es un nuevo viaje, es un descubrimiento. El asombro que conlleva una nueva historia, una nueva trampa gestada o descubierta, me mantiene vivo y alerta. Es que es sabroso eso de hacer el recorrido por los acontecimientos, sentir y vibrar. En parte, la razón por la que soy cuentero se anuda a la emoción que siento como público y lector. Quizás por eso terminé estudiando Literatura y no teatro, aunque a lo segundo terminé acercándome por consecuencia. En la literatura afiné el ojo, encontré un amplio abanico de relatos concebidos por nuestra especie. Claro, estudiar Historia era otra opción; sin embargo, ¿es que acaso la historia no es otra forma de lo literario? Al menos sí desde la perspectiva del artefacto ficcional. La discusión sobre esto es larga y ya dejé parte de ella en el texto: Los fines de la representación (aquí se los referencio).

  Número cinco. Seguiré siendo cuentero porque el arte libera. Claramente hoy conocemos el enfoque que se le ha dado a la psicología en donde se consideran a las intervenciones artísticas como estrategias para la intervención. De hecho, nosotros usamos el arte de contar al interior de las empresas, en donde tejemos un trabajo con otros profesionales que generan el link necesario para que los equipos trabajen mucho mejor. Es que resulta mejor invertir en el bienestar de un equipo que dejarlo a la deriva. Si un grupo de personas trabaja bien, genera mejores resultados y así, en consecuencia, todo se traduce en dinero. Dirán, quizás, que es un fin utilitario y capitalista; yo creo que se trata de un adelanto notable en las áreas de Talento Humano. Si un colaborador está bien emocionalmente y se mantiene activo, será en consecuencia más feliz y esto se verá reflejado en su efectividad. Hoy hablamos de “cuentoterapia”, “terapia de la risa”, “arteterapia”; todos estos neologismos para decir, en definitiva, que el arte nutre los procesos de las personas en sus entornos de forma más efectiva. Y si funciona en los equipos, ¿cómo no va a funcionar en uno mismo? En mi caso y defensa diré que sí, esto me ha salvado, me ha permitido transitar lo que soy y soportar el cambio de los años, me ha permitido pararme frente al espejo y avanzar.

  Actualmente hacemos intervenciones en empresas y nos acompañamos de profesionales en psicología, haciendo una maravillosa mezcla que brinda frutos al interior de los equipos. ¡Entonces, volvemos a lo mismo: ¡qué maravilloso ser cuentero, trabajar en lo que se ama, conectar con los demás y servir desde lo que haces! Si quieres saber un poco más del trabajo que hacemos en las compañías, te invitamos a contactarnos.

Por Jhohann Castellanos