Juegos estratégicos, una oportunidad de crecimiento y cambio al interior de las empresas

Jhohann Castell nos habla de la implementación del juego al interior de las empresas como escenario y metodología que permite alinear discursos, comunicar planes o socializar ideas.

Jhohann Castell

8/24/20226 min read

         Sé que la palabra juego resuena y que nuestra mente puede viajar a los juegos de infancia o, para los que son padres, a las actividades exclusivas de los hijos. Es muy posible que sólo conservemos un sentido de la palabra juego, el del pasatiempo, la entretención o el ocio. Ahora bien, hoy vengo a contarles que el juego puede servirnos como método y herramienta para descubrir realidades y que es posible hablar de su implementación en el entorno empresarial y a nivel estratégico.

          Partamos de una posible definición de juego y llevémosla más allá de las convenciones entregadas por la RAE. Veamos: el juego es un acuerdo entre personas que interactúan guiadas por el mismo sentido y bajo las mismas reglas. Parece una definición muy sencilla; sin embargo, vale la pena descomponerla un poco. Es un acuerdo entre personas. Lo que nos lleva a pensar en que existe, necesariamente, una conciliación entre diferentes que se articulan para un propósito (en esta definición el propósito es lúdico); con esta partecita incluimos la cooperación, el trabajo colectivo, en equipo, las unidades de trabajo. Avancemos un poco más: es un acuerdo entre personas que interactúan guiadas por el mismo sentido. Es decir, estas personas deben saber cuál es la dirección, hacia dónde van. En el caso del fútbol soccer tenemos un sentido único: poner el balón adentro del arco rival. Sin esa simple indicación y acuerdo, no existiría el fútbol soccer en el sentido general. Sumemos un poco más a la frase: es un acuerdo entre personas que interactúan guiadas por el mismo sentido y bajo las mismas reglas: no se trata de llevar el balón por cualquier lado, se trata de conducirlo, con los pies, sin salirse de un campo determinado. Sólo el portero puede tomarla con la mano y adentro de un área delimitada. Hay un tiempo límite, hay un réferi que sanciona faltas cuando haces las cosas mal, muy parecido a la entidad que cobra los impuestos (en Colombia es la DIAN).

          Un dato sobre la acción de jugar: hemos jugado desde que somos homo sapiens y el juego ha jugado un papel primordial. Nos ha servido como mecanismo para movilizar relatos, valores, normas, comportamientos, ayudando a que cada jugador sea configurado. Además, el escenario del juego es un escenario de socialización, de práctica que introduce elementos como la obligatoriedad de la norma, el respeto por los acuerdos, la cooperación, siempre bajo la libertad de estar, pero bajo la óptica sancionatoria de lo colectivo. Conclusión, los juegos, no sólo son juegos. Si nos atrevemos a verlo de esta manera les parecerá natural que construyamos la relación entre jugar y hacer empresa. Veamos la frase nuevamente y cambiemos la palabra juego. Una empresa es un acuerdo entre personas que interactúan guiadas por el mismo sentido y bajo las mismas reglas. Importantísimo, para ambas interpretaciones: sin ese acuerdo, no es posible el correcto desarrollo ni de un juego, ni de una empresa. A nivel estratégico la consecuencia es más sencilla: si el talento de la empresa, si su gente no entiende de qué se trata el juego, todos jugarán un juego diferente y se desempeñarán sin lograr articularse debidamente.

          Ahora sí, hagamos algunas preguntas que tienen que ver con el juego y la estrategia: ¿Qué les impulsa a articularse día a día? ¿Cuál es el acuerdo que articula a todos los colaboradores y colaboradoras, desde presidencia hasta quien sirve el café? ¿Cuál es el relato sencillo, que es comprensible para todas las personas y que les articula? Volvamos al fútbol soccer: poner el balón adentro del arco rival. ¿Qué frase contiene esa idea que logra articularlos a todos? Sigamos: ¿cuáles son los límites que presenta el negocio? ¿Tienen claros esos límites? Sobre las reglas y las sanciones: ¿qué cosas son lícitas hacer y cuáles no? Frente a estas preguntas, que son apenas algunas de las posibles, existen muchas formas para encontrar respuestas. Es más, es muy posible que ya las tengan, en un documento, tal vez hagan convenciones anuales sobre esto, pero, quienes asisten a estos encuentros, ¿retienen efectivamente esta información? Por eso es que en Santa Palabra presentamos el juego como escenario posible para el desarrollo eficaz de los planteamientos estratégicos. Porque, al jugar, elevamos los niveles de atención y al elevar los niveles de atención, podemos movilizar de manera más contundente las ideas y conocimientos, desarrollar mejores capacitaciones.

          Un secreto: al mismo tiempo, cuando jugamos tenemos un escenario donde podemos observarlos. ¿Por qué…? El escenario configurado para jugar permite, por su condición de “es sólo un juego”, que sus participantes bajen sus niveles de represión, se atrevan un poco más y se conceden, a sí mismos, ciertas licencias que en otros escenarios serios y acartonados nunca se permitirían. Es un escenario donde cada uno se siente protegido: “porque estamos jugando”. Ahora bien, jugar con un sentido y un propósito claro nos permite extraer de estas dinámicas muchas ideas esclarecedoras. Una frase de mi abuelo: en la mesa y en el juego se conoce al caballero, pero, ¿por qué esto? Bueno, en ambos casos hablamos de educación. ¿Cómo se expresa cada uno mientras juega? Cuando bajan los niveles de represión, ¿cómo se comporta cada persona del equipo y cómo aporta? Esto nos sirve para anticiparnos y pensar en los momentos de tensión donde afloran cosas que estaban ocultas. Muy bien, podríamos profundizar más sobre otras dimensiones: lo cognitivo, lo afectivo, las habilidades comunicativas, el descubrimiento de liderazgos naturales… Pero ahora es momento de citar un caso y abrir camino a algunas conclusiones.

          Unilever. Convención anual. De siete a una de la tarde. Posible estructuración de la convención: datos y más datos, un jefe detrás de otro jefe, brindando información. Acción que les propusimos y que ejecutamos. Aterrizar las principales ideas a comunicar a través de cerca de 30 equipos que tenían un propósito: producir un juguete. Las reglas de juego incluían, de manera muy sencilla y para muchos inadvertida, las mismas reglas que ellos enfrentaban día a día en la planta. Analizamos: manejo de las materias prima, presupuestos, comportamientos de equipos, liderazgo. Y una cosa tan simple y necesaria: posibilitamos un escenario de interacción, entre múltiples saberes que consiguió que personas de áreas diferentes de la empresa tuvieran contacto entre ellas. En medio de todo esto, con la atención a full, entregamos los datos del año. Todas las personas estuvieron atentas y activas, de principio a fin de la jornada. El tiempo se les fue: volando. ¿Por qué? En este caso me conviene citar al psicólogo húngaro estadounidense Mihaly Csikszentmihalyi, que explica un estado maravilloso, el estado de FLOW: “El estado de Flow es un estado subjetivo que las personas experimentan cuando están completamente involucradas en algo hasta el extremo de olvidarse del tiempo, la fatiga y de todo lo demás, excepto la actividad en sí misma”.

          Bueno, bajemos un poco la marcha y saltemos a un dato más, proveniente de cultura audiovisual, y que es muy popular por estos días tanto para jóvenes o veteranos: ¿qué hizo Maverick en la última visita a Top Gun, cuando le pidieron que armara un equipo con esos jóvenes pilotos? Se los llevó a la playa. ¿Por qué? Porque jugando estrecharon lazos, porque lo importante del juego es lo que movilizamos a través de ellos. Son muchos los caminos aquí abiertos y que podríamos profundizar un poco más.

           Para finalizar, compartiré algunas ideas para abrir futuras conversaciones. Aquí voy:

  1. Hacer empresa es dimensionar que los seres humanos que le integran sienten, piensan y se relacionan, es cuidar la parte fundamental del negocio: la gente.

  2. De nada sirve un gran documento, una gran planeación, si los colaboradores y colaboradoras nunca lo sienten, lo viven, lo interiorizan. Una empresa, sin personas alineadas exitosamente, no funciona.

  3. Los procesos intelectuales y de negocio no deben ser vistos como casillas de verificación, donde hay que ponerle el chulito a un punto para poder seguir con el siguiente. Los procesos deben ser menos fríos para ganar efectividad.

  4. Cada día que pasa, las personas en el mundo reclaman más el espacio para poder ser. Es urgente echar una mirada a lo que somos como especie y revisar aquellas cosas que nos ha movilizado desde siempre: como el juego, como las historias.

          Ahora sí, con estos cuatro puntos de partida, sólo me queda decir: es hora de abrir la puerta, flexibilizarse un poco, implementar juegos estratégicos y salir al parque a jugar. ¡Ojalá nos encontremos para jugar juntos!

    Escrito por: Jhohann Castell